
DOOM® Eternal
Los 5 mejores jefes de DOOM - N.º 5: los barones del infierno
DOOM® Eternal
*Las batallas contra jefes pueden servir para distintas cosas en los juegos.
Pueden cambiar el ritmo y, muchas veces, el escenario; pueden hacer las veces de interludio entre capítulos; pueden servir como hitos para la progresión de las habilidades y garantizar que los jugadores estén listos para los retos que les esperan; incluso pueden suponer una especie de respiro en el que el jugador solo tendrá que enfrentarse a un único enemigo.*
Con el universo DOOM y sus muchos jefes pasa lo mismo... con la única diferencia de que, además, sirven para poner la piel de gallina a los jugadores con una chulería realmente infernal.
5. Los barones del infierno
En 1993, los jugadores ya estaban acostumbrados a las batallas contra jefes. A veces eran duras; a veces, frustrantes; incluso en ocasiones podían resultar un poco chocantes, pero pocas veces podían considerarse aterradoras.
Hasta que llegó DOOM.
Intentad poneros en el pellejo de alguien que, literalmente, nunca ha librado una batalla contra un jefe en primera persona. Para la inmensa mayoría de los jugadores, ese era el caso cuando salió DOOM. Esto significa que, muy probablemente, los barones del infierno, los jefes gemelos del final del episodio 1 del juego, Knee-Deep in the Dead, fueran los primeros adversarios a los que se enfrentaban en una batalla tan aterradoramente íntima.
La ambientación constituye una parte muy importante de la experiencia: primero pasamos por una serie de pequeñas salas donde nos encontramos con unos cuantos demonios (y los destruimos, en algunos casos con la ayuda de bidones explosivos), lo que nos genera cierta satisfacción. Tras un largo pasillo, terminamos en una plataforma que nos sube hasta una nueva sala de aspecto inocente. Entonces, de improviso, se abren dos puertas y nos encontramos ante, no uno, sino dos de los bichos más grandes y puñeteros que hemos visto en el juego de momento. Al tratar de escapar, nos arrinconan una especie de espectros casi invisibles en las puntas de lo que, nos percatamos en ese momento, es una sala incómodamente pequeña con forma de estrella. Donde el suelo está, literalmente, cubierto de sangre.
Un encuentro con el terror como este era algo que los jugadores no habían visto nunca, e incluso hoy en día sigue siendo un escenario extraordinariamente efectivo para una batalla infernal contra un jefe... o dos.