
The Elder Scrolls III: Morrowind
Morrowind: el juego que inspiró a una generación de desarrolladores
The Elder Scrolls III: Morrowind
The Elder Scrolls III: Morrowind salió el 1 de mayo de 2002, hace ya veinte años.
La isla del Páramo de Vvarden, una recreación de Tamriel sin comparación posible con nada que se hubiera hecho hasta entonces, era un mundo de juego totalmente en 3D, poblado de historias, personajes y sucesos interconectados: hebras de una profecía que los jugadores podían reforzar o incluso cortar por completo con sus decisiones.
Morrowind no fue solo un paso de gigante en el mundo de los juegos de rol, sino, para muchos, la introducción al mundo de The Elder Scrolls y el primer contacto con el nivel de libertad que solo esta serie podía ofrecer. Es difícil saber si la comunidad de The Elder Scrolls sería lo que ha llegado a ser sin Morrowind, un colectivo cuyos miembros podrían acabar un día trabajando en el propio sector.
“Compré Morrowind por puro capricho al verlo en una caja especial en Holanda —recuerda Hendrik Nieuwdorp, Lighting Artist de MachineGames. —. El nombre me sonaba porque lo había visto en el boletín de noticias de mi instituto (porque algunos alumnos hacían mods en su tiempo libre) y me enganché con el juego desde el menú principal. Fue uno de mis primeros RPG realmente profundos y, después de Dungeon Siege, fue el título que me hizo entrar en el género”.
“Morrowind es uno de los juegos que me llevaron a dedicarme al desarrollo, sobre todo por cómo estaba hecho el mundo, la libertad de exploración que ofrecía y las posibilidades de personalización y crecimiento del personaje, además de la sensación de inmersión en general —continúa—. Me convenció de que los videojuegos eran un medio fabuloso para contar historias, y me di cuenta desde aquel mismo momento de que quería formar parte de él como fuera”.
“A finales de 2002 o principios de 2003, un amigo me dijo que tenía que probar el juego —nos cuenta Janet Priblo, Senior Content Designer de Zenimax Online Studios—. Sin tener la menor idea de lo que estaba haciendo, decidí hacerme un dunmer y empecé a recorrer las calles de Seyda Neen”.
“Además de jugar a Morrowind durante años, hice mis pinitos con los mods y eso me llevó a los foros de Bethesda Game Studios, donde me dediqué a leer lo que escribían los demás hasta la salida de Oblivion, cuando empecé a participar de forma más activa hasta convertirme en una de los moderadores (con el nombre de usuario Leydenne) —prosigue—. En 2010, cambié de carrera y de vida, me trasladé al área de Baltimore y me uní al equipo de The Elder Scrolls Online como tester de control de calidad al comienzo del proceso de desarrollo. Menos de un año después, estaba trabajando en diseño de contenido”.

“Hay una línea recta entre el aterrizaje del mago bosmer Tarhiel a mis pies y mi trabajo como diseñadora de contenido sénior —dice Priblo—. No es casualidad que una de las primeras misiones que hice para TESO se titulase 'El nórdico desnudo (The Naked Nord)'”.
“Morrowind es uno de los pocos juegos que me ha obligado a buscar mi propio camino y vivir con las consecuencias —dice Evin Coukos, Security Engineer en Bethesda Softworks—. Maté un rey dios que ocupaba el centro del argumento y la respuesta del juego fue decirme que muy bien, pero que afrontara las consecuencias. Creé un hechizo que me catapultó a medio mundo de distancia y sobreviví. Escalé montañas y crucé pasos de montañas tratando de huir de un chirrido que todavía hoy me provoca escalofríos. Invoqué caballeros sagrados para que me protegiesen como si fuera el mismo presidente. El juego te permitía hacer lo que quisieras aunque fuese en contra de tus propios intereses”.

“Hace poco he sacado del trastero mi Xbox original y me he encontrado Morrowind dentro. Lo de ver el juego en una vieja bolsa llena de cosas mías de cuando era adolescente es algo surrealista —recuerda—. ¡Y ahora trabajo para la empresa que lo creó! Ayudo a nuestros equipos a desarrollar y publicar nuevos juegos de The Elder Scrolls. La vida te lleva a veces por caminos extrañamente circulares”.
“Morrowind siempre ha tenido un lugar muy especial en mi corazón —afirma Scott Chipman, Lead VFX Artist en Zenimax Online Studios—. En 2002 yo era miembro de las fuerzas armadas de los EE. UU. y estaba desplegado en campaña junto con mi unidad. Lo único que tenía para divertirme era un portátil con Morrowind instalado. Al final de la jornada, podía escapar de la dura realidad de la vida en el ejército explorando las extrañas tierras de los dunmer y todas las historias que se vivían allí”.

“Años después, tras pasar algún tiempo en otras empresas del sector, se me presentó la oportunidad de unirme a Zenimax Online para volver al Páramo de Vvarden trabajando en una expansión de Morrowind —recuerda—. Y la posibilidad de trabajar en un juego que había significado tanto para mí fue algo muy especial”.
“Morrowind fue mi primer juego de mundo abierto (y de PC). Mis primos me habían hablado de él y, a partir de entonces, siempre que nos veíamos nos contábamos las historias que habíamos vivido allí —recuerda la Community Manager de Bethesda UK, Nika Tufnell—. Las dimensiones del mundo me parecían increíbles, y siempre había cosas nuevas que ver y descubrir más allá del horizonte. El juego te ofrecía una libertad completa a la hora de moverte y decidir las misiones que querías hacer, lo que quería decir que nuestras partidas siempre eran distintas. Yo tenía la sensación de estar escribiendo mi propia historia... y aún la tengo, porque todos los años vuelvo a jugar a Morrowind. Es una locura, lo sé, pero todavía ahora sigo encontrando cosas nuevas que no había visto antes”.
“Morrowind me enseñó lo que eran los juegos y despertó mi deseo de trabajar en este sector. Desde entonces, mi sueño fue siempre trabajar en cualquier cosa relacionada con The Elder Scroll, y hace dos años, casi 13 después de aquello, aquel sueño se convirtió en realidad —añade—. Creo que a mi yo de aquel entonces le habría dado un ataque de haberlo sabido”.

“Fue uno de los primeros juegos en los que pude llevar a un personaje femenino y, además, veías un montón de mujeres en posiciones de poder, lo que era algo bastante alucinante para una mi yo joven —recuerda Tufnell—. Otra cosa que me encantaba de Morrowind eran los libros. Sigo recomendándoselos a mis amigos aunque no jueguen a The Elder Scrolls porque me encantan tanto las historias que cuentan como los giros argumentales que te presentan. ¡Y la verdad es que a ellos también les flipan!”.
“Morrowind fue mi primer contacto con los juegos de PC —recuerda Charles Somerville, User Researcher en Bethesda Softworks—. Yo tenía unos 12 años por aquel entonces, y un empleado de un servicio de reparaciones en el que trabajaba un miembro de mi familia jugaba a Morrowind en la trastienda cuando no había clientes que atender o albaranes que rellenar. Un día, le pregunté a qué estaba jugando y me dejó probarlo”.
“En ese momento entró un cliente, así que tuvo que marcharse. Me dijo que, mientras él estaba fuera, me quedara en una esquina y le lanzara fuego a un sabueso kwama sin parar de dar saltos (¡luego me enteré de que lo que quería en realidad era que practicara las habilidades de Destrucción y Acrobacia!)”.

“Como es natural, hice lo que me había dicho... salvo lo de quedarme en la esquina —continúa Somerville—. Fui a recorrer la cueva y aluciné con las extrañas estampas de los nidos de kwama dendríticos, las setas gigantescas y las colosales cuevas que salpicaban las tierras del Páramo de Vvarden. Nunca he visto nada tan extraño y fascinante a un tiempo. Quince minutos después, el chaval volvió a la trastienda y yo tuve que dejar la partida mientras él trataba de averiguar adónde había llevado a su personaje”.
“Aquella misma semana, mi madre me regaló una copia del juego y así fue como comenzó mi aventura en The Elder Scrolls —dice—. Una aventura que me ha traído hasta aquí”.
“Lo cierto es que aquello despertó un impulso de buscar historias fascinantes y compartirlas con las demás, un impulso que lleva toda la vida conmigo. Lo que comenzó con un vagabundeo por unos yermos sembrados de ceniza, tras el rastro de un profecía, pasó luego a partidas de juegos de rol de mesa con mis amigos, a la creación de campañas y arcos narrativos en juegos de entonces, como Neverwinter Nights, y ha seguido ahora en mi labor como experto en estudios de usuario, dedicado a plasmar nuestros juegos en la realidad y ofrecérselos a un público gigantesco. —Tras esto, Somerville concluye con un consejo para los jugadores de Morrowind—: No le robéis a Divayth Fyr”.
“Morrowind fue el primer juego al que jugué sola (en lugar de mirar por encima del hombro de mi padre mientras él jugaba a DOOM y Age of Empires) —recuerda Irina Andreev, Senior Product Marketing Manager en ANZ y el sudeste de Asia—. Los mundos de fantasía siempre me habían parecido fascinantes, pero aquella fue la primera vez que tenía la oportunidad de ser la heroína en una historia de las que me gustaban. Tenía 12 años cuando jugué por primera vez a Morrowind, en la versión de Xbox que me había prestado una compañera del colegio. Aquel día me pasé ocho horas seguidas con el juego y quedé totalmente enganchada”.

“Cuando empecé a trabajar en una agencia de marketing, pensaba que, aunque aquello me gustaba, el trabajo de mis sueños sería hacer lo mismo para una empresa de videojuegos. Y, lo que son las cosas, cuando se me presentó la oportunidad, decidí utilizar Morrowind (entre otros de mis juegos preferidos) en mi cartas de presentación para conseguir que los entrevistadores se fijaran en mí —añade—. Lo hicieron y el resto, como se suele decir, es historia”.
“Reiniciaba el juego con tanta frecuencia que mi esposa, cada vez que oía las frases iniciales que te dice Jiub, me preguntaba: '¿Ya estás empezando otra partida?' —nos cuenta James Lowe, Senior Technical Designer en ZeniMax Online Studios—. Aquello se convirtió en un chiste privado en Oblivion, cuando empecé a hacer lo mismo ('Nací hace 87 años') y ahora se ha convertido en un verdadero meme junto al 'Eh, tú. Al fin has despertado' de Skyrim”.

“Pero al final se ha llevado su merecido —dice con una carcajada— porque trabajó en el control de calidad de The Elder Scrolls Online y probablemente haya creado muchos más personajes nuevos de los que me hice yo nunca en Morrowind”.
No solo los jugadores iniciaron un viaje inolvidable con The Elder Scrolls III: Morrowind. Muchos de los que trabajaron en el juego siguen hoy en día en Bethesda, y tanto el desarrollo como el lanzamiento del juego desempeñaron en sus carreras un papel tan importante como en la vida de los jugadores a los que inspiró. Podéis ver sus historias en el artículo que acompaña a este, aquí.